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Volver a Verne

No voy a entrar en contaros la vida de Julio Verne, ni su abundante bibliografía. Ésta es una entrada algo más personal, algo alejada de la literatura o del cine que, de cuando en cuando, pueblan este blog.

1_ JULIO VERNE

Esta semana estuve en casa de mis padres. Llevo siete años viviendo fuera y no voy más que en algunas vacaciones o en fiestas o puentes. Hice la maleta con prisas y solo metí un libro, Papel Mojado (Juan José Millás), que devoré en el viaje. Así pues, me encontraba en mi habitación de adolescente, poblada de pósters de futbolistas de hace años, películas algo añejas y cuadros infantiles cuando me dispuse a echar un ojo a mi biblioteca. Normalmente cuando voy por casa y se me acaba el material suelo tirar de Tintín o de Asterix. Pero el otro día revolví un poco y cogí “Viaje al centro de la Tierra”.

Inmediatamente volví a los 15 años. Una época para mí que no es ni la más dichosa ni tampoco la más desgraciada. Simplemente son unos años sin preocupaciones. Mi mayor carga era sacar una buena nota en un examen porque si no me esperaba una buena bronca de mi madre, profesora. En aquellos años devoraba cualquier libro que se me pasara por las manos. Bueno, cualquiera no. Casi exclusivamente novela. Con la poesía nunca he podido. Mis favoritos eran los de aventuras. El mejor libro que he leído, vuelvo a él de vez en cuando, sigue siendo El Conde de Montecristo (Alexandre Dumas). Por supuesto, Julio Verne siempre ocupó un lugar importante entre mis autores de cabecera.

En aquellos años lo importante es que la chica que te gustara te devolviera un toque. O si había suerte, se dejara algo de su modesto saldo en enviarte un SMS. Los desamores, si es que se podían llamar así, pasaban rápido. Y, por supuesto, pensaba que dentro de cuatro o cinco años me iba a comer cualquier redacción. No había “Ex” ni un día de la marmota que ya dura un año, un día de la marmota de domingos por la tarde.

Cuando vine a Madrid perdí cierta afición a la lectura en beneficio de las series y, por qué no decirlo, de una mayor vida social. En estos siete años no había vuelto a Verne, algo bastante importante.

Durante los ratos muertos que he tenido esta semana, he degustado “Viaje al centro de la Tierra” con devoción. En esos ratos estaba junto a Axel y al profesor Lidenbrock bajando por los volcanes finlandeses. Sin preocupaciones. Y coño, he sido feliz con una tontería.

Cuando uno madura, o va camino de ello, tiende a perder de vista estas pequeñas cosas. Tomarse una caña con un amigo viendo un partido de baloncesto, escuchar una y otra vez la misma canción, recortar un artículo que te ha gustado mucho. O disfrutar, tú solo, de una buena novela más allá de la media hora de metro. Sentarte en tu habitación de toda la vida, con un café, y sumergirte en las profundidades de la tierra. Y olvidar esas preocupaciones que, si las comparamos con todo lo que nos rodea, al fin y al cabo no son para tanto.

De vez en cuando todos debemos Volver a Verne.

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