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En defensa del periodismo

Me gustan mucho las series. Pero solo las buenas. Disponen de más tiempo para desarrollar los personajes y las historias que en una película. Suelo decir que para juzgar si una serie es buena o mala es conveniente esperar una temporada. Así lo disponen los guionistas, que preparan el argumento para que discurra alrededor de los diferentes capítulos de los que consta una temporada. Y en The Newsroom (HBO, 2012) también sucede así. Pero me ha parecido tan sensacionalmente buena que no he podido evitar escribir unas líneas sobre los pocos capítulos que he disfrutado.

Mi padre siempre me dijo que tenías que conseguir que tu trabajo sea tu pasión. Y creo que yo lo he conseguido. Me encanta el periodismo y cuando he tenido la oportunidad de trabajar en algún medio lo he visto a partes iguales entre obligación y disfrute. Esa visión apasionada la comparten varios de los profesionales con los que he tenido la suerte de coincidir. Ese brillo en los ojos del que hace algo que le gusta. Todo esto aparece reflejado a la perfección en los maravillosos capítulos de The Newsroom.

¿De qué va The Newsroom? Pues la serie creada por Aaron Sorkin para la HBO refleja el trabajo diario en una redacción y las relaciones (como si fuera una tela de araña) tanto profesionales como personales de los periodistas que allí trabajan. The Newsroom tiene, como tantas otras series de la HBO, un reparto coral. Ocupa un papel clave el presentador Will McAvoy (Jeff Daniels), el típico lobo solitario que forma un escudo para proteger su intimidad con una gran serie de elementos protectores: desde la clásica ironía a una buena troupe femenina. Otro de los personajes con una importancia destacada es la productora del programa, McKenzie MacHale (Emily Mortimer) una mujer independiente y excesivamente temperamental. Jim Harper (John Gallager Jr.) es el productor senior, un joven con verdadera pasión periodística. Otros dos empleados con bastante importancia en The Newsroom son los Maggie Jordan (Alison Pil), una joven con un importante cacao mental y Neal Sampat (Dev Patel), talentoso,  trabajador y con inclinación por temática algo diferenciada de lo que habitualmente vemos por las noticias de televisión. (Un friki, vamos).

Dejadas ya a un lado las presentaciones, ¿Por qué me encanta The Newsroom? En primer lugar, por lo que he reseñado anteriormente, la temática. Los periodistas solemos padecer de ombliguismo, es decir, tendemos a hablar de nuestro oficio. Nos gusta recrearnos en él. Así que una serie que trate sobre nuestro trabajo siempre se agradece. Además de este criterio, está el factor HBO: Todo lo que sale de la factoría de los sueños tiene un sello de calidad. Técnicamente, va a ser la leche. Y The Newsroom lo cumple sobradamente. Y si al marchamo de calidad HBO unimos el de Aaron Sorkin (que firmó, entre otros, el guión de La Red Social), nos encontramos ante una auténtica maravilla. Y por si fuera poco, los personajes bien creados como las relaciones que comienzan a formarse entre ellos

Además de porque habla sobre periodismo y de  la calidad que se le supone a todo producto de la HBO, The Newsroom aporta diferentes dilemas éticos, especialmente periodísticos, pero también extrapolables a otras profesiones. La integridad personal por encima de presiones, el trabajo bien hecho sobre criterios económicos, la buena praxis sobre la rapidez.

The Newsroom es un regalo en los tiempos que corren, especialmente para el periodismo. Es una defensa de mi profesión. Últimamente los periodistas nos quejamos mucho de que la cosa está muy mal, pero no solemos concretar qué hay que hacer. A la hora de actuar, nos conformamos con hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Que ya es mucho. De vez en cuando explotamos y escribimos algún twitt críptico, o unas líneas en un diario, o en internet. Sí, es cierto. También hay buenos ejemplos de cosas que se pueden hacer para mejorarlo. Hay muchos periodistas que, con su trabajo del día a día ennoblecen la profesión. Nuevos proyectos que, poco a poco, se van ganando a una audiencia que no es masiva. Ni falta que hace. Pero creo que ninguno de estos cánticos en defensa de la profesión ha venido de fuera, de la ficción. Y estoy seguro que ninguno ha sido tan bueno. Si The Newsroom sigue como parece, en la HBO lo habrán vuelto a lograr. Habrán creado algo como The Sopranos, The Wire o Band of Brothers. Algo sencillamente maravilloso.

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El sueño americano

Triunfar sin olvidar tus raíces. Tener una mansión, cochazos, asistir a fiestas de lujo, conocer a famosos, ir a eventos VIP por la patilla, ser capaz de colar a un montón de jovencitas de buen ver con solo una sonrisa. Ser un bon vivant. Ese es el sueño americano, cumplido a la perfección por Vincent Chase (Adrian Greiner) en la fantástica serie de HBO “Entourage”  (traducida lamentablemente al español como “El Séquito”), que acaba de concluir su octava y última temporada.

Entourage es la historia de Vince Chase, un actor neoyorquino que tras muchas eventualidades triunfa en Hollywood. Vive rodeado de sus amigos: su hermano Drama (Kevin Dillon) y sus colegas Turtle (Jerry Ferrara) y Eric “E” (Kevin Conelly). Sin embargo, el mejor personaje es el de Ari Gold (Jeremy Piven), un agente cinematográfico que saca la carrera de Vince de cualquier atolladero y la eleva hasta el Olimpo hollywoodiense.

¿Por qué triunfa Entourage? Lenguaje desenfadado, ambientes “cools”, diálogos hilariantes, personajes increíbles, buenos guiones… y un toque fiestero, con famoseo y toda la farándula norteamericana. ¿Quién no querría salir de fiesta con actores y actrices hiperconocidos, con estrellas de la NBA y las más bellas modelos, todo ello regado con champán Cristal?

A lo largo de sus ocho temporadas, los personajes evolucionan. Crecen con el desarrollo de la serie, cambiando sus puntos de vista y las acciones que realizan, lo que le da un toque bastante creíble. Los diálogos son tronchantes y las situaciones tan surrealistas y a la vez tan reales que tienes la impresión de estar viviendo el verdadero Hollywood.

Ahora que ha finalizado Entourage, podemos comprender totalmente la historia. No representa otra cosa que el sueño americano. Un chico de Brooklyn triunfando a lo grande en el extraño Hollywood, codeándose de tú a tú con todo tipos de personajes a los que solo unos meses antes habría pedido autógrafos.

Tras el fin de la serie crece la rumorología. Se especula con la realización de una película, algo bastante de moda, ya que en varias webs también se ha hablado de la posibilidad de que Friday Night Lights continúe en la gran pantalla, con otra película.

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Medievalismo mágico

“Juego de Tronos” (“Game of Thrones”, 2011, basada en la serie literaria de George R. R. Martin) sigue el camino que la HBO traza para todas sus creaciones: una producción muy cuidada hasta el más mínimo de los detalles, tiempo para desarrollar el guión, una buena selección de los actores, unas tramas interesantes y sobre todo un gran desarrollo de los personajes.

Con esta serie nos adentramos en una Edad Media un tanto sui generis, ya que a lo largo de los diez capítulos de su primera (y hasta el momento única) temporada se alternan los complots en la corte, los duelos de espada y las justas con personajes inverosímiles y ajenos a este mundo real, como los ‘White Walkers’ que sirven de apertura en el primer capítulo. En “Juego de Tronos” se atisba lo que se ha comprobado en “Tru Blood” (también de la HBO): un creciente número de personajes mágicos a lo largo de las próximas temporadas.

Game of Thrones, al contrario de lo que suele pasar con otros productos de la HBO (que necesitan, como dicen de los buenos vinos, de un tiempo para acabar de atrapar), engancha desde el primer momento. Tiene todos los ingredientes necesarios para resultar atractiva. Tramas simples pero no facilonas; personajes muy bien desarrollados, con unas relaciones muy bien construidas; los suficientes momentos de acción para no ser lenta, pero no los demasiados para confundirse con “Spartacus”; conjuras palaciegas y hasta un toque “padrinesco”: la familia es lo primero.

No podría deciros de qué va “Game of Thrones” sin reventar la serie, sin convertirme en un mago del spoiler. A grandes trazos es lo que ya os comenté, una muestra del poderío cualitativo de la HBO: buen guión, una trama entretenida, buenos actores, mejores personajes… Todos los capítulos acaban en un “in crescendo” formidable… y qué decir de la conclusión de la primera (y hasta ahora única temporada). Te deja con muchas ganas de más y con afán de decirle un par de cosas a aquél que se inventó lo de “lo bueno si breve, dos veces bueno”. Pues no, queremos más; queremos conocer los tejemanejes de los Siete Reinos. Queremos más Medievo. Y más Magia.

Protomafia

Boardalk Empire es una de las mejores series que he visto en los últimos tiempos. Tras devorar la primera temporada con bastante rapidez, reconozco que cumple las expectativas que había creado la publicitada promoción. Es muy buena, aunque quizás sea demasiado pronto para compararla con Los Soprano o The Wire, ya que estas series estrella de la factoría HBO son producto finito, mientras que Boardwalk Empire está en pleno desarrollo tras completar su primera temporada.

El capítulo piloto, dirigido por Martin Scorsese, puede catalogarse en sí mismo como obra maestra. De un plumazo presenta a todos los personajes de la serie, trazando la dicotómica personalidad del protagonista, Nucky Thomson, gerifalte de Atlantic City, un papel que borda el maravilloso actor Steve Buscemi (que participa en los Soprano, Reservoir Dogs,  o en la gran película de los hermanos Coen El Gran Lebowski). Nucky Thomson controla la ciudad del vicio situada al sur de Nueva York, en el estado de Nueva Jersey, en un régimen de dedocracia, en la que su hermano es el Sheriff, sus adláteres controlan el tráfico de bebidas alcohólicas (estamos en plena Ley Seca) y él pone y dispone dentro del Partido Republicano y de la ciudad de AC para enriquecerse y mantener su influencia política e imagen de persona recta, muy alejada de su vida disoluta llena de prostitución, alcohol y laxitud ética.

Otro de los personajes que tiene un gran recorrido en Boardwalk Empire es el de Margaret Schroeder, a cargo de Kelly Macdonald, que realiza una magnífica actuación. Logra completar un trabajo nada plano, y a lo largo de la temporada transita por diferentes estados: de mojigata dominada por su marido borracho, a viuda despechada, de amante de político corrupto a madre abnegada… Jimmy Darmody, interpretado por Michael Pitt, tiene bastante importancia. No posee todos los registros de Miss Schroeder, de hecho su papel es bastante anodino, pero su importancia radica en que es un fantástico nexo de unión entre la mafia de Atlantic City con la de Chicago Al Capone (Stephen Graham, que participa en Snatch,) y Nueva York “Lucky” Luciano (Vincent Piazza) o Arnold Rothstein (Michael Stuhlbar),

Michael K. Williams interpreta a Chalky White, un traficante de licores que va ganando importancia según avanza la primera temporada de Boardwalk Empire. Si seguimos el ejemplo de The Wire, en el que Michael K. Williams interpretaba al inolvidable camello Omar Little, en las próximas temporadas de la serie alcanzará el nivel de co-protagonista. Otro personaje con bastante importancia es el del agente antivicio del FBI Nelson Van Alden (Michael Shannon), que también es bastante contradictorio: abstemio, religioso, tremendamente devoto de su mujer, incluso se flagela, pero en un momento de “debilidad carnal” pierde los papeles y acaba dejando Atlantic City para, en principio, trabajar con un pariente. Pero en mi modesta opinión, Van Alden acabará volviendo a la serie. Si no al tiempo.

Para ir concluyendo, Boardwalk Empire es una producción de calidad, en la que la HBO ha puesto todo su esfuerzo y dinero. La ambientación es simplemente maravillosa. La manera en la que está recreada Atlantic City, su paseo marítimo, las fiestas de la época, los coches, las armas… todo te lleva a los años 20. Las actuaciones son magníficas y el desarrollo del guión muy interesante. La serie tiene mucho recorrido por delante y aunque, como he dicho, no esté al nivel de Los Soprano o The Wire, tiene todo para conseguir convertirse en una serie de culto, de no serlo ya.

NOLA post Katrina

Acercarse a “Treme” como si de una serie convencional se tratara es un gran error. Lo primero que hay que hacer es tener en cuenta qué cadena la produce (la HBO, madre de obras maestras como “The Sopranos”, “The Wire” o “Band of Brothers”) y cuál es el cerebro que se encuentra detrás de esta pequeña joya: David Simon, creador de “The Wire” o “Generation Kill”.

“Treme” es una serie coral que cuenta desde diferentes puntos de vista lo que significó para sus diferentes protagonistas la penosa gestión del desastre provocado por el Huracán Katrina. Desde “Treme” (la serie toma el nombre de un popular barrio de la ciudad de Nueva Orleans) se hace una crítica de la manera en que los políticos (tanto locales como estatales) llevaron la situación inmediatamente posterior al derrumbamiento de los diques del Lago Pontchartrain, situación que forzó la evacuación de la ciudad y la muerte de un gran número de personas.

La crítica se puede hacer de muchas maneras, y cada una de ellas encuentra acomodo en los diferentes personajes de la serie: ácida (Creighton Bernette, personaje interpretado por John Goodman), pasota con un toque pícaro (Davis McAlary, por Steve Zahn o Antoine Batiste, por Wendell Pierce), desde la tradición y el empecinamiento(Albert “Big Chief” Lambreaux, Clarke Peters), desde la admisión de que todos los males te pueden pasar a ti (Ladonna Battiste-Willians, por Khandi Alexander o Jannette Desautel, por Kim Dickens), desde la percepción de que las cosas pueden ir a mejor (Annie, por Lucía Micarelli), desde la perseverancia (Toni Bernette, por Melissa Leo)… Hay muchas formas de hacer crítica y todas son igual de válidas, sobre todo si está bien hecha, como es el caso de “Treme”. Esta cantidad de personajes puede descolocar un poco, pero desde el primer capítulo ya se ve que todos y cada uno son necesarios, que no hay nadie que sobre.

Al oír hablar de Nueva Orleans, nuestro cerebro nos remite no solo al Huracán Katrina, sino a la música y al carnaval. Tanto el carnaval (especialmente en los capítulos finales) como sobre todo la música tienen una tremenda importancia en la serie. Música que va desde el jazz, a la fusión, pasando por el bounce, algo de soul, zydeco (mezcla entre blues y elementos cajún), blues, ciertos toques de country…

Técnicamente la serie cumple los cánones HBO: no hay prisas, se le deja tiempo para “respirar” (la imagen no desvanece nada más terminar la escena, sino que se queda unos segundos para asimilar lo ocurrido), los planos son mucho más próximos al estilo cine que al estilo serie tradicional, los silencios tienen casi tanta importancia como los sonidos (especialmente la música). También es conveniente prestar atención al uso de las sombras: “Treme” hace un retrato realista de la sociedad y como tal, todos los personajes ofrecen un amplio abanico de claroscuros. Estas sombras psicológicas se ven reflejadas en sombras físicas, en nocturnidad, en penumbra…

Con la primera temporada de 10 capítulos finalizada, “Treme” ha sido una de las sorpresas más agradables de la temporada televisiva que recientemente finaliza y os recomiendo encarecidamente que la veáis.

Ética personalísima

Una vez vista “Luther”, producción de la BBC, me queda bastante claro que la creación británica de series va más allá de “Blackadder”, “Mr. Bean” o “The Office”. Y que no solo se pueden crear buenos seriales de thriller y de acción, con mucha importancia de las relaciones entre los personajes. En “Luther”, como en la vida real, no hay nada blanco o negro, sino que la escala de matices, de colores y de interpretaciones sobre un mismo hecho hace que la serie sea especial. A riesgo de parecer blasfemo, me atrevería a poner a la primera temporada de “Luther”, de 6 capítulos de 1 hora, a la altura de las grandes series que hasta ahora he podido disfrutar: “House”, “The Wire”, “The Sopranos”… Precisamente, el actor que interpreta el rol protagonista de John Luther (Idris Elba), juega un papel muy importante en “The Wire” como el traficante “Stringer” Bell.

Centrándonos en el desarrollo de la serie, John Luther es un policía que se reincorpora al servicio activo tras haber pasado un periodo apartado por la resolución un tanto violenta de un caso en el que dejaba caer desde una altura bastante grande a un secuestrador de niños. En el primer capítulo se trata un caso de asesinato doble que coleará hasta el final de la primera temporada, ya que una de las implicadas comienza una relación de amor-odio con el protagonista. Ni ella es tan mala como parece ni él tan bueno como cabría esperar de un policía de serie. “Luther” no desarrolla un caso en toda una temporada, como sí hacía “The Wire”, sino que es más convencional en su planteamiento: un capítulo, un caso. Eso sí, los capítulos no se constituyen en compartimentos estancos y aislados entre sí, sino que puede haber (y hay) situaciones que saltan entre uno y otro.

Hacen atractiva a la serie el carácter de John Luther, sus relaciones con sus compañeros, con su ex mujer, con Alice Morgan (Ruth Wilson), su inteligencia, su ética personal (el fin justifica “sus” medios)…

“Luther” me remite a otras dos series: “Life” y “House”. La primera porque existen ciertas similitudes entre John Luther y el protagonista de “Life”, Charlie Crews (Damian Lewis): pasado turbio, no son plenamente aceptados por sus compañeros, perciben la traición de otros polis… En cuanto a “House” veo paralelismos a la hora de la resolución de los casos entre la manera de John Luther y la del doctor House: un chispazo realizando cualquier acto cotidiano da para resolver un caso, una suerte de “deus ex machina”.

La conclusión, es difícil hablar de “Luther” intentando no reventarla. Es una gran serie, de esas que según Hernán Casciari acabarán con el cine, ya en el formato serie se permite desarrollar mejor un personaje que en formato cine. Aunque solo sea por una cuestión de tiempo, ya que una película dura hora y media y una serie mucho más. Pero “Luther” no es solo cantidad, sino que a lo largo de la primera temporada vemos un producto de gran calidad, de elaboración muy cuidada, con un amplio desarrollo psicológico de los personajes. Y además, “Luther” es entretenida.