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“Caballeros, estoy muy orgulloso de ustedes”

La ética del esfuerzo aparece reflejada en innumerables ensayos, novelas, películas… En diferentes ámbitos, ya sean sociales, culturales o deportivos, el sacrificio como medio para lograr ciertos fines suele estar bien visto. Uno de los mejores pintores, Pablo Picasso, hizo famosa una cita que resume todo esto a la perfección: “La inspiración existe, pero debe encontrarme trabajando”.

La película de la que quiero hablar, “Coach Carter” (dirigida en 2005 por Thomas Carter), también tiene el trabajo como leitmotiv. En esta cinta, el protagonista es el esfuerzo de un grupo de jóvenes (con un gran riesgo de caer en la delincuencia o las drogas) dentro de una cancha de baloncesto. Este trabajo, físico y mental, les posibilitará un futuro mucho más optimista.

El ‘gurú’ que idea la combinación de trabajo y baloncesto como facilitador de una vida mejor es Ken Carter, personaje en el que está basada esta película. Samuel L. Jackson interpreta a este entrenador de High School que se adentra en el problemático barrio de su niñez para llevar al equipo de baloncesto del instituto Ritchmonds. Carter, que ostenta varios récords de anotación y asistencias con los Oilers, impondrá a estos jóvenes un severo método de trabajo que hará crecer tanto al equipo como a cada uno de sus miembros.

En una de los últimos momentos de la película, Jackson pronuncia esta frase: “Vine a entrenar a jugadores de baloncesto y ustedes se han hecho estudiantes. Vine a enseñar a niños y se han hecho hombres”. Esta cita resume la película de principio a fin, pero no muestra los obstáculos que tienen que superar estos aprendices de pandilleros para introducirse en una vida ordenada y que, a buen seguro, les deparará notables éxitos.

El esfuerzo del que habla “Coach Carter” no es simplemente el esfuerzo físico: correr innumerables horas para mejorar resistencia o velocidad. La cinta va más allá. Explica el trabajo académico que realizan unos jóvenes (alguno prácticamente analfabeto) para mejorar sus calificaciones y lograr entrar a una universidad. Al comenzar su andadura con los Oilers, Carter da a cada uno de los jugadores un contrato: Deberán sacar una nota mínima, dejar a un lado sus ropas de pandillero y, los días de partido, vestir traje. También tendrán que acometer ciertas horas de voluntariado y acudir asiduamente a clase, sentándose en primera fila. Si no cumplen una por una estas condiciones, serán apartados del equipo

Los Oilers comienzan a ganar partidos, a subir en la tabla clasificatoria. Pero, cuando el grueso del grupo incumple este contrato y es sancionado, Carter deberá lidiar no sólo con el equipo, que monta en cólera. El entrenador tendrá que hacer frente al Sistema, que solo busca el éxito hoy y ahora, sin pensar en este futuro. Pero el Sistema no lo conforman exclusivamente los profesores del instituto, que ven el baloncesto como una forma de apartar a los muchachos conflictivos del equipo de sus clases, sino y lo que es más preocupante, por los propios padres, que pretenden echar por tierra todo aquello por lo que lucha Carter: no quieren formar personas, quieren que sus hijos sean jugadores de baloncesto.

Por eso, cuando al más puro estilo de “El club de los poetas muertos”, los estudiantes siguen las enseñanzas de Carter y llenan con pupitres el pabellón para demostrar su acuerdo con los heterodoxos métodos de su entrenador, que en el discurso final de la película, convierte una prematura derrota en los play-offs en una victoria fuera de las canchas. Una frase resume la actitud de Carter y lo que piensa sobre la evolución de sus muchachos: “Caballeros, estoy muy orgulloso de ustedes”.

 

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Retrato de un nacimiento

Se habla de película generacional cuando surge una obra que refleja una forma de ser, de hacer las cosas, que rompe total o parcialmente con lo que se consideraba adecuado para las personas de esa franja de edad. Un adolescente triunfador era el que mojaba en “American Pie”, pero como “La Red Social” el triunfo de la generación es crear tu producto y hacerte millonario con él.

“La Red Social” (“The Social Network, 2010) es una auténtica maravilla, una obra de arte.  La película de David Fincher refleja la vida de Mark Zuckemberg, el creador de Facebook. Se adentra en la personalidad del milmillonario más joven del mundo, contando todas sus luces y sombras durante el proceso de gestación de la red social más popular del mundo. Fincher (con guión de Aaron Sorkin) cuenta genialmente la historia de un genio, de Zuckemberg, pero también retrata un perfil, el del creador de puntocoms. Esta tipología empresarial cada vez es más común en nuestros días. Como se dice en una secuencia de “La red social” “En Harvard todo el mundo inventa un trabajo en lugar de dedicarse a buscar uno”. En Harvard y cada vez en más sitios, la creación de empresas es una de las mejores salidas profesionales para los jóvenes universitarios, por lo que el retrato de Zuckemberg se podría expandir al de otros muchos promotores.

El modo de narración de la película es no lineal, lo que queda bastante bien. La acción principal se desarrolla en dos procesos de acuerdo: Mark-Eduardo y Mark- Hermanos Winklevoss (interpretados por un único actor, Armie Hammer). A través de las declaraciones de las diferentes partes en estos procedimientos, se reconstruyen mediante flashbacks las acciones que dieron lugar a la creación de Facebook como si de un puzle se tratara. Un desengaño amoroso lleva a la creación de un concurso de Miss Harvard electrónico. Esto lleva a la participación en un proyecto menor y a la creación de Facebook, lo que a su vez conlleva nuevas amistades, pero también el fin de las más arraigadas.

¿Qué tiene “La Red Social”? Pues para empezar, una gran cadena de sucesos. De eso no tiene el mérito David Fincher, el director. Ni tampoco Aaron Sorkin, el guionista. El mérito solo lo poseen los personajes reales de esta historia. Pero Sorkin es el responsable de convertir este retal de sucesos en una historia bien formada. Y lo hace a la perfección. Y Fincher debe contar la historia de una manera que resulte efectiva, bella y comprensible. Y traducirla. Y también lo logra. Injerta de una forma sobresaliente trama, técnica, música, actuaciones… hace del totuum revolutum que podría ser la película sobre una vida que ni siquiera se ha mediado, como es el caso de Zuckemberg, una gran historia.

“La  Red Social” es el retrato perfecto sobre una persona. Sus puntos fuertes, sus debilidades, sus temores y sus seguridades. Pero “La Red Social” es el retrato de una nueva forma de vida, no solo para Zuckemberg, sino especialmente para todos aquellos que necesitan imperiosamente estar conectados a internet, una red cada vez más social.

¿Guapa o Inteligente?

Inglaterra. 1963. Una chica de 16 años (bastante mona ella) estudiando en un colegio femenino con aspiraciones de ir a Oxford a estudiar Literatura Inglesa. Toca el violonchelo y tiene una relación distante con sus padres. Saca buenas notas y detrás de ella anda un chaval bastante pringado que no la convence en exceso y que a su padre le parece un vago. Este es el punto de partida de An Education y en este panorama de encrucijada personal aparece un tipo atractivo (David), con pinta de tener dinero y un gusto musical bastante refinado. Al igual que a nuestra protagonista (Jenny, empecemos a poner nombres), a este caballero le gusta Edward Elgar, Maurice Ravel, pero también la música sesentera cantada en francés. Es amante de los pintores prerrafaelistas, pero tampoco le hace ascos a ir a un club nocturno a tomarse unas copichuelas. El amigo David es la mezcla perfecta entre intelectual y canalla, forrado hasta las trancas y con un don de palabra que convencería a un esquimal de que necesita aire acondicionado para su iglús.

David, interpretado por Peter Sarsgaard se lanza a la caza de la pobre Jenny (Carey Mulligan) que ve encantada como cambian sus clases en el colegio privado por viajes a lugares inimaginables de la mano (y la cartera) de David, con el beneplácito de sus padres que ven en la posibilidad de boda una alternativa a la educación más que beneficiosa. Los padres de Jennifer prefieren verla casada con un hombre rico antes que enviarla a Oxford para que se construya por ella misma un futuro independiente, esa misma utopía hecha realidad en la mayoría de los casos por la que luchamos una gran parte de la sociedad, en especial las mujeres españolas (y extranjeras) durante los 60 y los 70, cuando estudiar lejos de los muros opresores de la vivienda familiar era una quimera. Igual de quimera es el matrimonio de Jenny con David, cuando ésta empieza a descubrir la manera en la que él obtiene el dinero para llevarla a París como que fuera Audrey Hepburn: mediante el robo, la estafa y la extorsión. ¿Es el matrimonio con ese tipo de hombre el futuro que un padre soñaría para su hija?

La película en sí misma está bastante bien. Te cuenta una historia bastante entretenida, con una pregunta clara ¿Debe contentarse nuestra protagonista con casarse con un rico y hermoso hombre o es mejor que estudie y se saque las castañas del fuego? La directora danesa Lone Schefig resuelve la cinta de una manera bastante brillante, sin caer en lugares comunes y utilizando correctamente los recursos técnicos, sin caer en el efectismo. La historia trascurre de una manera fluida y natural y no hay nada que rechine. Tal vez sea porque el autor del guión es el afamado Nick Hornby, pero An Education es una película bastante buena que sin ser una obra maestra, puedes emplear tu tiempo en verla.

Tocando el cielo

A simple vista “Up in the air” puede parecer difícil de clasificar, ya que sería un error encuadrarla dentro de las comedias románticas, pero tampoco podríamos decir que se trata de un drama. “Up in the air” es una extraña historia acerca de las relaciones personales, poniendo un especial interés en analizar la soledad, ese extraño fenómeno al que todos sin excepción acudimos de vez en cuando.

George Clooney me parece el actor adecuado para transmitir esa mezcla de sensaciones. Puede parecerte el tío más afortunado del mundo ya que siempre viste trajes impresionantes, va acompañado de señoritas que quitan el hipo. Pero, ¿cómo es ese personaje tan admirado en la intimidad? ¿Puede sentirse solo? Clooney en “Up in the air” encarna a un especialista en despedir a trabajadores que se pasa el 90% del año viajando en primera clase, durmiendo en hoteles de lujo, alquilando coches increíbles, comiendo en los mejores restaurantes… Pero lo que aparenta ser Clooney es simplemente eso, una vida vacía. Su casa, en la que apenas pasa 40 días al año, está vacía. Como su vida. Eso es lo que trata de reflejar “Up in the air” o al menos eso es lo que he conseguido extraer de esta película. Clooney, en la cinta que nos ocupa, se saca un sobresueldo dando conferencias acerca de cómo convivir con uno mismo sin necesitar a los demás. Pero conforme va avanzando la película se da cuenta que su postura no le garantiza la felicidad, que en una mayor o medida, es lo que todos acabamos buscando. Esta felicidad tan anhelada es alcanzada de una manera más satisfactoria en compañía de nuestros allegados, de aquellas personas con las que por una razón o por otra decidimos permitirles entrar en nuestra vida.

Por eso me gusta tanto el final de la película, que al margen de permitirte desarrollar ciertas reflexiones de un carácter más o menos personal, no pasa de ser una obra sin muchas más pretensiones que las de entretener al espectador durante cerca de dos horas y si es posible, hacerle pensar un poquitín. No es una obra maestra, pero se deja ver. Técnicamente está bastante bien conseguida y en cuanto a la actuación, Clooney lo hace especialmente bien. En resumen, si no tienes nada que hacer, échale un ojo. Si no la ves, no te pasará nada, pero si la ves tampoco.

Ruso Blanco

¿Por qué las comedias casi nunca entran en las listas de las grandes películas? ¿Tan solemnes nos ponemos que no sabemos apreciar una buena película que no sea un drama? El Gran Lebowski es una de las mejores películas de la década de los 90. Dirigida por los Hermanos Coen en 1998, El Gran Lebowski es un magnífico antídoto contra la rutina. Podría pasar por ser una película en la que no pasa nada. De hecho, es la historia de un tirado (Jeff Lebowski, el Nota) al que le gusta beber cócteles (rusos blancos) y jugar a los bolos. Este tirado, este paria, es confundido con un millonario con más dinero que dignidad, cuya bella mujer debe bastante dinero a gente de mal vivir y como resultado de esta confusión, esta gente de mal vivir da al bueno de Nota una paliza y le deja una mancha de orín en su alfombra.

Indignado por este ultraje, Nota se dirige a casa de su tocayo, el Gran y rico Lebowski, que le acaba liando para hacer unos trabajillos algo alejados de la normalidad. Ayudado por sus amigos Walter y Donnie, el Nota conjuga con una perfección asombrosa la realización de esos trabajos y el liderazgo de su equipo de bolos. En esta película, en la que nada acaba como parece, pero cuya línea argumental no parece del todo inverosímil, Jeff Bridges borda el papel protagonista y escoltado John Goodmann, Steve Buscemi, Julianne Moore y Tara Reid, logra enganchar al espectador de principio a fin.

El Gran Lebowski es una película para ver mientras se degusta un ruso blanco, o si no se tiene a mano, tomando una cerveza, un zumo o simplemente admirando la genialidad de los hermanos Coen.