Archivo de la etiqueta: Canal Plus

Cenizas de ladrillo

“Crematorio” es el producto estrella de Canal Plus basado en la novela de Rafael Chirbes. La promoción ha sido sensacional, al mismo nivel que sus programas más vistos. Desde el conglomerado del grupo Prisa crearon una gran expectación que, sin que sirva de precedente, ha sido correctamente correspondida. “Crematorio” es una fantástica serie (o “mini-serie”, como prefiráis) de ocho capítulos, en la que se analiza perfectamente el cáncer de la sociedad española: la corrupción, el trampeo, el intentar ser más listo que los demás.

José Sancho borda el papel de Rubén Bertomeu, un constructor ambicioso, que solo tiene un ansia: el dinero. Para conseguirlo destruye una tierra. La suya. Missent, un municipio de la costa valenciana. ¿Benidorm?, ¿Gandía? Sí y no. Tal vez uno, o seguramente todos ellos. La serie está ambientada en el levante español, pero podría narrar cualquiera de esas pequeñas grandes historias. Un empresario sin escrúpulos, listo como el hambre, levanta un imperio ahogando bajo sus cimientos a descerebrados que se venden por un puñado de dólares. Necesitados por cuatro perras que malvenden el terreno en el que crecieron sus abuelos para que snobs y nuevos ricos puedan veranear a tres pasos del mar.

En Crematorio podemos diferenciar seis tipos de personajes.

Rubén Bertomeu compra a todos los políticos, los tiene bajo su yugo. Los somete con promesas y fajos de billetes. Los corrompe, juega y baila con ellos. Los tiene comiendo de su mano. Al igual que a su mujer, a su nieta, a sus matones, a su abogado. Es un titiritero llevando los hilos de Missent, siendo esta localidad costera una metáfora de la sociedad en general.

Juana Acosta interpreta a Mónica, la mujer de Rubén. Ingenua, preciosa, cree saber lo que quiere. Mónica es la gran engañada en la comedia de “Crematorio”. Es la que más sufre sin obtener un máximo beneficio. Saca dinero, como todo el mundo en esta serie, pero el dolor no lo compensa.

Silvia Bertomeu, la hija de Rubén, es Alicia Borrachero. Independiente, cómplice, se aprovecha de la situación, pero se lava las manos. Ve pasar toda la inmundicia a su lado y no hace nada por intentar limpiarla. Solo se preocupa en no estropear sus caros zapatos de marca. Lleva una galería de arte, cuyos compradores acuden gracias a su padre. Ella finge no saber nada, pero es culpable como la que más.

Zarrategui, el abogado, interpretado por Pau Durà. Intermediario de la ley. Posee influencias tanto en la política como en la comisaria. Nunca se pilla las manos. Ayuda a Rubén a situarse en la alegalidad, ese limbo inmoral entre lo que la justicia castiga o deja estar.

Los políticos. Al igual que el abogado Zarrategui, los políticos ejercitan su “arte” de la corruptela en los despachos y aparecen tan fielmente retratados en “Crematorio” que siempre cuesta saber si los informativos que salen en la serie son de realidad o de ficción.

Las víctimas. Ciudadanos sin rostro, prostitutas, matones… son los peones en un juego de ajedrez en el que solo ganan las altas esferas. Son sacrificados a la mínima. Sarcós, Collado, Irina… forman parte del entramado mafioso donde ellos ponen el sudor de su frente y no reciben ningún beneficio.

El producto final es casi perfecto. El guión es inmejorable, técnicamente no tiene nada que envidiar a las grandes series de nuestro tiempo, las actuaciones son casi todas impecables. Hasta el tema de apertura, de Loquillo, es exquisito.

“Crematorio” constituye un fiel reflejo de la actualidad en algunas zonas de nuestra piel de toro. Todo acaba y termina en el mismo sitio, al igual que en la vida real. La sociedad es una incineradora construida con podridos ladrillos de poder. El ladrillo se desinfla, y la sociedad cae con él, en un esperpento que la serie de Canal Plus capta perfectamente. En “Crematorio” solo quedan cenizas. Cenizas de ladrillo.

Anuncios