Arañazos de extrema belleza

“El cisne negro” (Black Swan en su título original) es una de esas grandes películas que no puedes juzgar hasta que acaba. Montaje excepcional, planos magníficos, emoción y suspense a raudales, actuaciones que quitan el hipo, una historia mucho más que interesante, subtextos que hacen que te replantees qué estás dispuesto a dar para lograr unos sueños que quizás no sean los tuyos… Posiblemente todo lo que busques en una buena película lo encuentres en “El cisne negro”.

Va a ser complicado hablar de “El cisne negro” sin entrar en detalles de la trama, sin empezar a lanzar spoilers, pero vamos a intentarlo. La película de Aronofsky cuenta la historia de Nina (Natalie Portman), una bailarina del ballet de Nueva York que logra el papel más importante de su vida: interpretar tanto al cisne negro como al cisne blanco en el ballet de Chaikovski “El lago de los cisnes”. Nina se esfuerza demasiado, en parte obligada por su madre Erica (Barbara Hershey), hostigada por el director de la compañía (Vincent Cassell), que oscila entre amante y acosador, y mal influenciada por Lily (Mina Cunis), otra bailarina de la misma compañía que atrae sexualmente a Nina, pero que en el fondo busca lograr por todos los medios el papel de bailarina estrella.

Nina viaja del éxito a la más oscura de las autodestrucciones, tanto psíquica como física. Los arañazos que muestra en algunas escenas de la película son consecuencias de arañazos mentales, de que su cabeza ha dicho basta y tiene que buscar vías de escape.

Aronofsky consigue una cosa muy importante, algo que buscan todos los directores y que no todos logran: que el espectador sienta todas y cada una de las emociones que plantea para sus personajes. Nos excitamos con ellos, nos duelen sus fracasos, nos alegran sus triunfos y sobre todo nos desasosiegan sus paranoias mentales. El director consigue plenamente los objetivos mostrando (que no insinuando) todas las situaciones reseñables de la cinta. No hay nada gratuito, cada una de las sensaciones tiene su justificación. Al final todo tiene su sentido.

Otra de las cosas que más me ha llamado la atención de “El cisne negro” es lo bien trazada que está la línea argumental. Todo está en su lugar, al igual que el desarrollo psicológico de cada uno de los personajes, no hay ninguno plano. Nina cambia de niña inocente a joven superada por las circunstancias. Su madre no es la misma al principio que al final. Tal vez el papel de Casell sí que es más previsible, como el típico bailarín francés, cumpliendo con el estereotipo de mediterráneo ligón.

En “El cisne negro” encuentro similitudes con dos películas que no tienen nada que ver. La primera es “Shine”, dirigida por David Hicks en 1996 e interpretada en el papel principal por Geoffry Rush, que obtuvo el Óscar al mejor actor. Cuenta la historia real de David Helfgott, un pianista al que la obra de Rachmaninoff y la rectitud con la que su padre lleva su vida le llevan a la locura. Historia exactamente igual a la de “El cisne negro”. Incluso se parecen en la manera de generar desasosiego. “Shine” y “El cisne negro” cambian la música por sonidos mecánicos al introducirnos en la cabeza de los protagonistas. La otra obra a la que me recordó inmediatamente “El cisne negro” es “Showgirls”, dirigida por Paul Verhoeven en 1995. Cuenta la historia de cómo una chica de provincias (Elizabeth Berkeley) llega a Las Vegas y se ve obligada a trabajar como stripper, destronando a la bailarina principal (Gina Gershon). En “El cisne negro” Nina hace lo propio con la veterana Beth (Winona Ryder).


“El cisne negro” es una de las películas de este año. Técnicamente es impecable: Planos maravillosos (como un reflejo sobre un espejo roto que quita el hipo), montaje increíble (como la secuencia de la discoteca, que recuerda más al videoclip de The Prodigy “Smack my bitch up” que a lo que muchos críticos dirán que debe ser una película de culto), una selección musical apasionante (esto era casi obligatorio, teniendo en cuenta que la película gira alrededor del ballet de Chaikovski), actuaciones antológicas (una nueva obra maestra de Portman)… en resumen, “El cisne negro” es un peliculón. Sin otras palabras.

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2 Respuestas a “Arañazos de extrema belleza

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